#18 SHENLONG, SAL Y CUMPLE MI DESEO, por Marco Arias.

El artista visual Marco Arias (Santiago de Chile, 1988) escribe “Shen Long, sal y cumple mi deseo” durante el año 2017. El texto se publica por primera vez en enero del año 2018 como introducción del catálogo de la exposición “Combo Breaker”, inaugurada simultáneamente en Galería Metropolitana (Santiago de Chile) y Design Festa Gallery (Tokio, Japón). El mismo texto puede ser encontrado, también como introducción en “No envidio a ningún hombre en la tierra”, su tesis de magíster.

            El artista es un ser político. No por opción, sino que por consecuencia inevitable. Dedicarse a la producción de arte en Chile a 27 años de un congelamiento cultural y segregador como lo fue la dictadura, significa tiempo suficiente para que los que trabajamos obra visual, aportemos, querámoslo o no, un proceso de re significación y auto definición de imaginarios; de nuevos signos que representen al país, de volver a entender lo que significa ser artista en Chile lejos de la triste palabra “revolución”, de las responsabilidades y compromisos partidarios, del compañero, del panfleto, de la ya cliché invocación al capitalismo; de la figura de Pinochet o Allende, del conceptualismo, de la pintura melancólica y de la tan chilena culpabilidad de la elite cultural por lo banal.

            Hacer arte en Chile hoy es, necesariamente, involucrarse en los caminos identitarios que la nación por necesidad busca para definirse en el mapa global. Todo artista que realice obra visual hoy en día estará inmerso en dicha red, aportando a la reconstrucción de un imaginario nacional.

            Este proceso significa absorber y entender la información que, a través de diversos medios y de manera transversal, han afectado a generaciones completas de post dictadura; aquellas que de alguna manera modificaron el lenguaje, las referencias, las modas y las formas de vida del chileno: no desde la influencia de la alta cultura, ni de los libros, mucho menos desde la poesía; no desde las universidades (que siguen siendo elitistas, sin discriminar entre la Universidad de Chile y la del Desarrollo), tampoco de lo que académicamente se considera como oficial; tampoco en las calles, ni en las conversaciones bohemias entre artistas, tampoco en las reuniones en restoranes chinos del centro entre teóricos, pintores y poetas.

            Entender así el Chile de ahora, es decodificarlo con los ojos del pasado: hoy, y a partir de los 90 en adelante, la identidad de Chile se está gestando y formando en otra parte. En una dimensión cada vez más inmaterial e instantánea; constantemente insatisfecha, ansiosa y odiada por las generaciones anteriores. Hoy Chile está en el flujo principal de información mediada que, como tsunami, inunda al país sin discriminar:  en internet, en las redes sociales y sus videos virales, en los “memes” y las pantallas de los celulares, en el titular corto y en la lata que genera la reflexión; incluso, todavía en la televisión y el contenido que por ella se transmite.

            Aquella infinidad de medios son una fuente inagotable de referencias y signos que definen lo que significa ser chileno, por tanto ser artista en Chile hoy. Ahí está lo que se debe absorber y luego reelaborar a través de la obra, para esclarecer y definir los signos que definen a las nuevas generaciones de post dictadura: la espuma de la ola de la llamada “generación X”, sumado a la tiranía y lamento millennial plasmado en los “memes” virtuales: los Gokú y Vegeta, los Finn y Jake, los Tulio y los Bodoque, Alexis y Vidal, las Kim Kardashian y los Kanye West. O sea, todos los absorbidos por aquello y que serán pronto las cabezas del país: pirinolas de un gran desfile de show business medial y de farándula globalizada.

            El desarrollo de las artes visuales en Chile debe ir de la mano con el entendimiento del contexto en que éstas se desarrollan. De esa manera y sin mucha dificultad, se concretará la resignificación de los imaginarios del arte.  Los nuevos medios, nuevos signos, y nuevas referencias deben ser fieles a su sociedad, por sinónimo o antonomasia. Es por eso que el artista es un ser político. Porque sus prácticas y poéticas están inmersas en un proceso que involucra a todo un país. Proceso que puede buscar significar aquella identidad o correr al margen de ella. Por supuesto, es necesario que el desarrollo de obra sea hecho de manera iconoclasta: el artista debe estar dispuesto a resignificar (o a desechar si es necesario) toda imagen que funde culturalmente al país: las banderas, los escudos, el puño en alto, los copihues, los cóndores y el huemul, el folclore, la guitarra trovadora, la pintura melancólica, el conceptualismo, las derechas e izquierdas; se debe cuestionar a los próceres y elevar a los injustamente caídos, re enterrar a los dinosaurios y alzar aún más a los maestros; rescatar a los que no han sido puestos en valor, sospechar de las tradiciones y no marcar las nuevas prácticas en base a los viejos miedos.

            Shen Long[1], sal y cumple mi deseo: si hay que ponerte a ti en el escudo nacional, que así sea.

[1] Shenlong:  Dragón divino de la serie Dragon Ball que concede deseos. Aparece cuando alguien reúne las siete esferas del dragón de la tierra y pronuncia el conjuro mágico. (Fuente: http://es.dragonball.wikia.com/wiki/Shen_Long).

 

Acerca de Marco Arias:

Vive y trabaja en Londres, Reino Unido. Artista Visual y Periodista, titulado de ambas carreras en la Universidad Diego Portales. Magíster en Artes con mención Artes Visuales de la Universidad de Chile. Ha expuesto su obra en Chile y Japón. Su obra ha sido referenciada en diversas publicaciones, entre las que destacan “De la tierra al cielo: arte, cultura japonesa y escenas locales” (Editorial Filacteria, 2018), “Astrónomos sin estrellas: Textos acerca del arte contemporáneo en el Cono Sur” (Ediciones Departamento de Artes Visuales, 2018) y “Gender, Politics and Manga in current Chilean art” (Universidad de Estocolmo, Orientaliska Studier Magazine, 2019).

Ha participado en exposiciones como “Política y Celebridad” en Matucana 100; “Ilusión Marina” en Galería D21; “Combo Breaker” en Galería Metropolitana; “Genkidama” en el Centro Cultural de España; “El Prisma Lunar” en Galería Posada del Corregidor; “El Poder Nuestro Es” en el Centro de Extensión del Instituto Nacional; “Depresión Post Pop” en Casa Parque Villaseca; “¿Erís choro o erís Paulmann?” en Galería Balmaceda Arte Joven; “El otro par” en Sala Juan Egenau de la Universidad de Chile y “Retratos y no rostros” en Worm Gallery de Valparaíso, entre otras.

“No envidio a ningún hombre en la tierra”, su tesis de posgrado, se encuentra disponible para libre descarga desde el sitio de la Universidad de Chile.

 

 

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