#13 TIEMPO COMPARADO ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?, por Viviana Troya.

La artista y escritora Viviana Troya (Colombia, 1993) escribe sobre “Tiempo Comparado”, instalación de su autoría inaugurada el mes de marzo del 2018 en el Museo de Arte del Banco de la República, en Bogóta, Colombia. La obra cronometra cuánto tiempo pasa un individuo en la sala 6 del mencionado recinto, en donde se encuentra la obra. El tiempo invertido por el último visitante se muestra al siguiente, como una cuenta regresiva, en pequeñas pantallas. La obra fue comisionada por el programa Nuevos Nombres del Museo de Arte del Banco de la República en Bogotá, Colombia. Este texto es parte del archivo del Reconocimiento Nacional a la Crítica y el Ensayo: Arte en Colombia 2018.  Bogotá, Colombia. Marzo del 2018.

Violencia es una mujer embarazada, muerta, por siempre unida a nuestro horizonte, a nuestro territorio de cuerpos perdidos. Es la protesta de Obregón, firme y oscura, llena de hechos en una pintura que condena nuestra historia de guerra. La violencia, extendida en los cuerpos intensos de Luis Caballero; lamentada en las mujeres de Norman Mejía, reinas, madres torturadas; repetida en la Angustia de Carlos Granada, en esas manos tiesas que sostienen un hijo muerto. La violencia es esta sala vacía y llena de cuerpos y tristeza; es los accidentes de nuestra geografía en donde las perspectivas no convergen y desaparecen solas.

Violencia en una sala grande, llena de luz blanca, en donde la temperatura está siempre controlada. Una sala en el museo, con el tiempo colgado en la pared, que no se toca porque se cuida para que no se olvide. Y sin embargo, el tiempo de todos modos no se conserva, no se detiene y finalmente se olvida. No hay estasis a pesar de los esfuerzos del museo; hay en cambio pigmentos que todos los días se secan más, hay el zumbido de una lámpara dañada, hay personas que siempre se van y sus historias que se nos alejan. Pienso en los visitantes que pasan por aquí corriendo, pienso en quiénes se detienen, en dónde y por qué. El silencio, los susurros, las risas que a veces parecen crueles y que otras veces me dan risa también. Miro la Violencia y la violencia del afán, pero también de la mirada que se demora en la sangre, en los cuerpos quebrados, en el texto que no los explica. La guardia sentada en una esquina, su celular, los trazos negros y las biografías de Obregón, Caballero, Mejía y Granada, todos convergiendo en el tiempo del museo.

Un tiempo lineal, histórico y teleológico, fundado en la gran tradición del autor masculino, de un tiempo épico, de narrativas monumentales y puntos de inflexión como la guerra. Del otro lado, un tiempo que fluye en ciclos, en ritmos biológicos, lo que Julia Kristeva llama el tiempo de las mujeres[1]. Este tiempo, según Kristeva, es el tiempo de la maternidad, la creatividad, las mitologías   y en general el tiempo de las víctimas de la heteronormatividad. Es el tiempo queer, de locos, de presos[2], un tiempo que aún lucha por ser guardado en el museo. La geografía de cuerpos en la sala también nos habla de la violencia en contra de este tiempo, encarnado en la materia y el territorio que cambian con los hechos: la historia. ¿Cuál es la diferencia entre ver la Violencia hoy y verla hace treinta años?, ¿ahora o hace dos días?, ¿si la veo yo, si la ves tú, si la ve otro?

Unas líneas blandas, largas, de cables negros abrazan la sala. Cables exagerados, un módem, dos pantallas y pequeños pedazos de plástico y metal que son computadores y sensores. En conjunto forman un dispositivo más cercano a las cámaras de seguridad en la sala que a los trazos de las obras que vigilan. Con señales de luz, este dispositivo mide el tiempo de permanencia en el espacio de cada visitante, calibrando una cuenta regresiva en las pantallas de acuerdo al último individuo. Cada persona se encuentra entonces con el tiempo de la persona ausente y con la sombra de su tiempo contabilizado. La obra, Tiempo comparado, nos pone así en relación con el otro, con su realidad que no conocemos y que informó segundo a segundo su experiencia en esta sala. Nos involucra con quienes estuvieron en el pasado y con quienes vendrán a ver nuestro tiempo en el futuro, con quienes están ahora y quienes dejaron nuestra historia secándose en las paredes.

En el flujo de tiempos exactos, Tiempo comparado cuestiona el significado del tiempo en la experiencia de cada uno: una cantidad de tiempo no equivale a la misma cantidad de tiempo. Diez minutos en esta sala no equivalen a diez minutos afuera, o a diez minutos con los ojos cerrados, o a diez minutos de dolor físico[3]. Aún en el mismo lugar, y frente a los mismos hechos, mi tiempo y tu tiempo seguirán siendo desconocidos. Nunca pasaremos un minuto igual que otro minuto, ni que otro día, ni que otra vida; y sin embargo, ni si quiera un museo podrá quitarnos el olvido. Entonces ¿qué da exactamente comparar el tiempo? La diferencia. La diferencia entre mi vida y la tuya, la diferencia entre nuestras historias, nuestras condiciones, entre una realidad y otra, y otra, y otra… Si no pudiéramos ver la diferencia no existiría el cambio y la historia y el futuro serían esclavos del status quo que todavía nos llena de violencia. Si no pudiéramos ver la diferencia, si no hubiera cambio, no existiría mi tiempo, tu tiempo, el tiempo.

En tiempos de auge la conjetura de que la vida del hombre es una cantidad constante, invariable, puede entristecer o irritar; en tiempos que declinan (como éstos), es la promesa de que ningún oprobio, ninguna calamidad, ningún dictador podrá empobrecernos.

El tiempo circular. Jorge Luis Borges (1943)

[1] Julia Kristeva. “Women’s Time”. The Kristeva Reader. New York: Columbia up, 1986, pp. 187–213.

[2] Emily Apter. “Women’s Time in Theory”. Differences: A Journal of Feminist Cultural Studies. V.21, N.1, Brown University, 2010.

[3] Jorge Luis Borges. “El tiempo circular”. Historia de la eternidad. Buenos Aires: Debolsillo, 2007.

Acerca de Viviana Troya (Pasto, Colombia, 1993):

Vive y trabaja en Londres, en donde actualmente realiza una maestría en Práctica de Arte Contemporáneo con énfasis en Práctica Crítica en el Royal College of Art. Es especialista en Creación Multimedia de la Universidad de Los Andes (Colombia) en donde realizó su pregrado en Pintura y estudios en Literatura. Su trabajo analiza la influencia de la tecnología en el arte y la vida contemporánea, explorando temas como la percepción del tiempo y la cultura digital. Sus más recientes proyectos forman parte de los programas Nuevos Nombres del Museo de Arte del Banco de la República (2018), y Bloomberg New Contemporaries en el Reino Unido (2018). Viviana ha recibido el primer puesto en el X Salón Nacional de Arte Joven de la Embajada de España y ColSanitas (2014). Ha sido ganadora de la residencia Colombia-Canadá en Banff Centre del Programa Nacional de Estímulos (2017), y de la Beca para Colombianos en Proceso de Formación Artística en el Exterior del Ministerio de Cultura (2018).

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