#8 MACHINE GUN, por Marco Arias.

ENGLISH, PLEASE

El artista Marco Arias conversa con el artista y escritor Wladymir Bernechea (Chile, 1989), semanas antes de su exposición “Invierno”, inaugurada en diciembre del 2018 en Galería Panam.

–¿Cómo te has sentido esta semana, Wladymir? Ya casi se acaba el año…

–La verdad me siento bien. Hasta tranquilo. Me puse a estudiar inglés y sigo avanzando en mis clases de japonés. Además, estoy jugando Nintendo Switch, el Zelda está muy bueno.

–¿“Breath of the Wild”? El último jefe, Ganon, es decepcionante. Si te compraste un Nintendo significa que has vendido hartas pinturas…

–No es mío. Me lo prestaron, jajaja. Pero en fin, yo creo que estoy bien. Se acaba el año y todavía milagrosamente estoy muy activo. A ratos me doy cuenta que este 2018 se me hizo muy largo debido a todas las exposiciones que tuve.

­–Cuántas, exactamente.

–Tuve tres individuales: “Cría cuervos” en el Centro Cultura España, “Quemar las cortinas” en Galería Aquí y otra individual en la sexta Región que itineró cuatro veces en distintas comunas: “Reconstitución emocional de la ciudad de la chimenea”. A eso se suma una bipersonal: “Combo Breaker”, en Galería Metropolitana contigo, Marco Arias; y varias colectivas, como “Variaciones de un hacer melancólico” en Galería Posada del Corregidor con Gaspar Álvarez y Sasha Seguel, “Convergencias 1” y “Convergencias 2” en Rancagua y “Prácticas de Reiteración” en Guatemala, proyecto que armamos con Camila Caris y Jaime Cuevas. A eso se agrega el triple lanzamiento de mi libro “De la tierra al cielo” por Editorial Filacteria: en Viña del Mar con Diego Maureira, en Santiago con Kati Lincopil y en Rancagua con gastón j. muñoz j. (sic). A eso súmale el coloquio sobre animé de los 90 en Chile junto a Cabra Caluga en el Centro Cultural España y una ponencia sobre lo mismo que di en Concepción.

­–Dios mío. ¿Es necesario tanto Wladymir Bernechea para el mundo?

–Claro que sí.

–Y ahora tienes una exposición en diciembre.

–Sí. Ahora en diciembre termino el 2018 con una exposición llamada “Invierno” en Galería PANAM. Para la ocasión nuevamente escribe Diego Maureira.

­­–Vaya… abrieron el año con Combo Breaker y cierran ahora en PANAM.

–Maureira también curó mi individual en “Galería Aquí” y fue el editor de mi libro “De la Tierra al Cielo”. Desde que lo conocí el 2017 en la exposición “Depresión Post Pop” se consolidó un grupo de trabajo anti balas.

­–¿Anti balas?

–Es que desde que comenzamos a trabajar no paramos nunca. Cada vez salían más y más proyectos y nadie bajaba la guardia, manteniendo siempre un nivel de exigencia que iba creciendo. Las nuevas obras, fueran visuales o escritas, siempre fueron superiores a las anteriores y eso se debió a la perseverancia y al rigor.

–Acá va una bala: ¿cómo debería un espectador abordar tu nueva exposición si ya ha visto y ha escuchado tu nombre hasta el cansancio durante este año?

–Debe ser abordada desde la nada.

–¿Desde la nada? Imposible si hemos visto tantas pinturas tuyas…

–Es que la considero una muestra experiencialmente sensible. Entonces, la mejor manera de llegar a ella es visitarla sin pensar en nada. Tratar de adentrarse en las pinturas sintiendo el frío de los paisajes representados; sentir lo melancólico y lo romántico, cosa que en general mi pintura trata de dar: un momento íntimo entre espectador y obra.

­–¿No crees que el frío, lo melancólico y lo romántico, son exactamente lo opuesto a la nada?

–Te pongo un ejemplo: en la película “Ánimo de Amar” de Wong Kar Wai. ¿La viste?

–No. Pero, vi la de Queen la semana pasada…

­–En fin. En esta película el protagonista le cuenta su historia de amor a un agujero en una montaña. Las obras de esta próxima exposición son precisamente eso: un secreto entre el espectador y la pintura. Y estos secretos no los dicto yo, sino que las mismas obras luego de haberlas pintado: las piezas tienen vida propia.

­­–Las cosas tienen movimiento, dijo un argentino alguna vez. “Invierno”, en Galería Panam ¿con cuál de tus trabajos anteriores se conecta más?

–Invierno va más en mi línea paisajística. Surgió luego de que la artista Valentina Maldonado me prestara la película “November”, una producción de Estonia. Con esa película me di cuenta que aún tenía mucho que aprender sobre visualidad.

–¿Por qué?

–Porque esta película me llevo a muchas otras. Comencé a ver mucho cine de Europa Oriental. Conocí paisajes nuevos, de esos que se desvanecen en el blanco, en la nieve y la atmósfera. Ahí encontré otra sensibilidad que me llamó mucho la atención y la inyecté en mi trabajo: la relación de los límites entre un blanco y otro. Fue un ejercicio muy Malevich. Creo que esta muestra, a diferencia de las anteriores, que nacían desde una intencidad emocional, trata sobre sentimientos más sutiles, incluso románticos, pero que de igual manera te mantienen el pecho apretado.

Aparte de esta exposición y el Nintendo, qué te ha tenido entusiasmado estos días.

–He estado metido en los simuladores de citas.

­–Simuladores de citas…

–Sí. Son videojuegos que tratan sobre interactuar con otras personas, jajaja. Podría decir que estoy jugando y trabajando con ellos al mismo tiempo.

–¿Te sientes solo, Wladymir?

–Me entusiasma trabajar con los imaginarios de la soledad. Se ven muy ejemplificados en la cultura japonesa y me han servido para pensar en hartas obras nuevas, que van desde lo medial hasta incluso un cortometraje. Cosas que no he explorado aún y que quiero intentar. Hoy por hoy se da mucho que los artistas encuentran una formula y siguen en eso durante años hasta que mueren de aburrimiento. Creo que el artista que no piensa en sobrepasarse a sí mismo es un artista muerto. Dormirse en los laureles es la muerte misma.

­–Pero el otro extremo, el de hacer, hacer y hacer sin detenerse a descansar, a meditar sobre lo que hace, también puede traer consecuencias negativas importantes. ¿Por qué trabajas sin descanso?

–Yo creo que me acostumbré a trabajar así. Desde que empecé hace años a exponer, me metí en una metralleta.

–“Wladymir, the machine gun”.

–Jajaja, es que no he tenido ningún año con pocas exposiciones, aunque claro, este año me sobrepasé. Me fui al chancho. Pero no fue algo planeado. No tenía nada en mente y de pronto se fueron dando y dando las oportunidades.

–¿Cuál crees tú que es el valor de esta acción de exhibir tan pulsionalmente proyectos y obras? ¿No te quedas sin ideas?

–No creo en las ideas en plural. Si uno ve la historia, la mayoría de los artistas son personas con una sola idea y que han ido trabajándola durante toda su vida. Ideas que cambian, mutan, se destruyen y vuelven a surgir, pero que son siempre la misma. Creo en la posibilidad de volver a la ignorancia y hacer algo que uno no maneja: esa posibilidad hace entretenido el quehacer artístico. Una muestra mía puede tener una pintura de paisaje y luego un texto de dos metros de Charly García en japonés. Esas cosas me quitan el tedio. Quien no toma riesgos es un burócrata del arte.

–En ese sentido, ¿cuál es aquella idea única que ha conectado todos tus proyectos? Incluye las exposiciones, las ponencias de animación japonesa y el escribir tu propio libro.

–Yo creo que, al menos desde Depresión Post Pop en adelante, me lancé hacía al abismo japonés. Eso es lo que conecta todo. Mis muestras ahora son una mezcla de toda la investigación que tenía sobre paisaje y arquitectura sumando los imaginarios japoneses. Ahí se mezcla todo.

–Pero acótalo más. Una sola idea.

­–La soledad. En eso radica cualquier cosa que pinte, dibuje o grabe en video. La sensación de vacío es lo que inunda todo lo que hago.

Acerca de Wladymir Bernechea (Rancagua, Chile, 1989)

Artista visual licenciado en artes en la Universidad de Chile y Magíster en artes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido becario de investigaciones de posgrado por la Secretaría de relaciones Exteriores de México. Como artista ha expuesto en diversos espacios de exhibición en Chile y también en países como Estados Unidos, México, Italia, Guatemala, Estonia y Japón. Su obra se encuentra en colecciones como: Colección Museo de arte contemporáneo (MAC) Chile, Colección Luciano Benetton, Italia, y Colección Claudio Engel, Chile. Ha publicado textos sobre estudios de escenas artísticas latinoamericanas, y de animación y cultura japonesa en diversas revistas digitales, Catálogos y prensa escrita en Chile. Además del libro De la tierra al cielo: Arte, cultura japonesa y escenas localespor editorial Filacteria, planteando ahí sus tesis sobre la influencia del animé en televisión abierta en el arte contemporáneo chileno. Su campo de estudio trata sobre las diversas escenas culturales en Chile y Latinoamérica en las últimas décadas.

http://www.wladymirbernechea.com

http://www.instagram.com/wladymir_b

Acerca de Marco Arias (Santiago de Chile, 1988):

Vive y trabaja en Londres, Reino Unido. Artista Visual y Periodista, titulado de ambas carreras en la Universidad Diego Portales y Magíster en Artes con mención en Artes Visuales de la Universidad de Chile. “No envidio a ningún hombre en la tierra”, su tesis de posgrado, se encuentra disponible para libre descarga desde el sitio de la misma universidad. Ha participado en exposiciones como “Política y Celebridad” en Matucana 100; “Ilusión Marina”, en Galería D21; “Combo Breaker”, en Galería Metropolitana; “Genkidama”, en el Centro Cultural de España; “El Prisma Lunar”, en Galería Posada del Corregidor; “El Poder Nuestro Es”, en el Centro de Extensión del Instituto Nacional; “Depresión Post Pop” en Casa Parque Villaseca; “¿Erís choro o erís Paulmann?” en Galería Balmaceda Arte Joven; “El otro par” en Sala Juan Egenau de la Universidad de Chile y “Retratos y no rostros” en Worm Gallery de Valparaíso, entre otras.

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