#1 NADA MAS DEPRESIVO QUE EL POP, por Guillermo Machuca.

El crítico, curador e Historiador de Arte Contemporáneo Guillermo Machuca (Chile, 1961) escribe para la exposición Depresión Post Pop, de los artistas Marco Arias, Wladymir Bernechea, Leonora Pardo y Pablo Suazo, realizada en Santiago de Chile, en agosto del 2017.

I

El último disco del cantante Iggy Pop (del 2016), se titula “Post Pop Depression”. Para la producción de este disco, Iggy Pop reunió a tres luminarias de la música rock contemporánea: Josh Hommes y Dean Fertita (Queen of the Stone Age) y Matt Helders (Arctic Monkeys). Traducido al español, el título significa “Depresión post pop”. A la larga, el pop es depresivo (como la amarga cara de Iggy Pop). Algo que la mayoría considera contradictorio con sus fundamentos hedonistas y sensuales, consumistas y arribistas en términos sociales (valga aquí la cacofonía). Morrisey, ex cantante de The Smiths, solía hablar de un aire de depresión que atravesaba su música y existencia. En rigor hablaba de una escena alternativa al pop hedonista. Warhol ha fundido ambas escenas: al melancólico y al hedonista. Esto ha sido el pop. Nada de maquillajes superficiales, nada de vagos alternativos, nada de drogadictos pudriéndose en hospitales de baja monta. Por tanto, nada de pop, sino de cultura de masas ampliada en el sentido máximo del término.

II

Existe una tradición de la estética del pop que ha inundado un porcentaje amplio del arte actual, tanto a nivel global como local. Denostado por la crítica conservadora y también por la progresista de izquierda, la estética del pop reúne ciertos aspectos conservadores y democráticos a la vez; unifica lo que antaño identificaba a la cultura baja con la alta. En Chile, su llegada coincidió –desde los años 60 en adelante- con el desarrollo de la industria y la cultura de masas. Citemos a unos de los precursores locales: Francisco Brugnoli, Juan Pablo Langlois, Guillermo Núñez y luego Gonzalo Díaz y Juan Domingo Dávila. La mayoría identificados con el arte de izquierda o con el arte neo conceptual, este último inspirado en una concepción crítica del lenguaje visual, en oposición a la tradición decimonónica del arte y sus respectivas censuras frente a la cultura popular.

III

Sigamos en Chile: en estas tierras, no es lo mismo hablar del arte pop o hablar de su referente internacional, aquel surgido del neo capitalismo depredador. Aquí –pensemos en Brugnoli y Núñez- la mercancía no ha dejado de reproducir un desecho de modernidad. Todo se desecha para el uso. No somos más que desechos de modernidades atrasadas (da lo mismo que ahora se hable de una actualidad provocada por las redes internacionales). Pero también tenemos imágenes planas, hallables en lo que se ha denominado “la prensa plana” (con Rauschenberg a la cabeza). Pensemos en esta última designación: portadas de periódicos, diseños de envases comerciales, historietas, comics y dibujos animados,  pantallas de televisores y computadores antiguos y de última generación (todos planos). No olvidemos los smatphones y los tablets. Existen, por tanto, objetos de usos masivos conviviendo con imágenes planas de pantallas mediales de diverso alcance. Eso es Chile: un mundo de objetos y de imágenes planas tan delgadas como efímeras (representadas por cuerpos obesos y anoréxicos).

IV

La estética pop resulta contradictoria en varios términos: por un lado nos habla de las bondades de lo actual, y resulta muchas veces nostálgica y anacrónica (existen obras de Warhol, donde se muestran automóviles y sombreros de los años 40, reprocesados bajo la técnica serigráfica en los 60). Todo un revoltijo de referencias históricas cruzadas. Sin historia ni relato continuo. En Chile, esta mezcolanza de referencias cruzadas se ha hecho con el tiempo más elocuente. Todo producto del robo, el plagio o la sustitución. ¿Quién aquí es más pop?: Brugnoli, Gonzalo Díaz o Dávila. Todos y ninguno a la vez. También habría que incluir a muchos artistas de las generaciones actuales. Nada más depresivo que el pop. Pensemos en el título de una reciente exposición de los artistas Marco Arias, Wladymir Bernechea, Leonora Pardo y Pablo Suazo: “Depresión post pop” (Dos de los artistas son de la capital, uno de Rancagua y el otro de Viña del Mar; el primero estudió en la UDP, el segundo en la Chile, la tercera en la Finis Terrae y el último en la Católica de Valpo).

V

El pop puede ser depresivo (nostálgico como el objeto de consumo, que se usa y se desecha). Se trata de un problema primaveral; época de suicidios en masa (pocos se matan en invierno). A un par de meses de la estación de las flores, hoy en día se exhibe en Chile una retrospectiva de Andy Warhol (Centro Cultural Palacio La Moneda). La mayoría de los artistas jóvenes conocen a Warhol, o dicen conocerlo. Todos hablan de una especie de frescura de la imagen en la época de la cultura de masas. Pocos hablan del Warhol melancólico: del Warhol de la muerte; del Warhol que unía putas lesbianas con gente del Jet Set Neoyorquino. En comparación con los artistas más poperos del arte actual, Warhol se asemeja más a un dandi tipo Duchamp que a un Rock Star tipo Demian Hirst o a los hermanos Champan, cercanos a la estética de grupos británicos como Oasis, Blur, Radiohead o Pulp (caricaturas juveniles del pop trágico o melancólico).

VI

Muchas biografías de Andy Warhol han enfatizado acerca del carácter melancólico del albino artista neoyorquino. La belleza en el pop es cercana y lejana; lo dijo Benjamin al hablar del aura de las estrellas de cine. Después de esto, las estrellas se elevan o caen; se elevan o caen dependiendo de sus imágenes masivas. Ahora sabemos que los chilenos son más pop (o masivos, integrados o gregarios) que el resto del mundo: todos están conectados a Facebook, Instagram, Snapchat, Twitter y Whatsapp. Ya no hay 15 minutos de fama: hay a lo más un minuto de estupidez y lengua viperina (que es el máximo de tiempo permitido por Instagram para postear un video).

VII

Nada menos pop o popular que lo homogéneo a nivel social y personal. En cada caso, la referencia a la cultura de masas adquiere ribetes específicos. En Arias tenemos el bombardeo pictográfico y objetual del pop más hegemónico (matizado con una cita del poeta Rilke reproducida en seis cajas de luces: “Jamás una mano se alzó tan lenta como ésta y tan alta”); en Bernechea, la sutileza del óleo sobre tela que representan féminas adolescentes límpidas (japonesas albas y de cuerpo dibujado, no redondeado), aunque no carentes de la suciedad proveniente del difuminado pictórico clásico; en Pardo, la figuración escultórica de un pop híper real, rostros deformados (lo híper real no tiene que ser una reproducción exacta de las cosas), rostros acuosos, como los de un bebé recién parido ; y por último, en Suazo, un sin fin de calendarios que se venden en locomociones colectivas de la costa central, peso a peso. El pop puede ser limpio o sucio; en Chile, el pop ha tenido su dialéctica específica entre lo traslúcido y lo contaminante; típico de una modernidad a medio camino (el arte puede ser un ejemplo de esta modernidad suspensiva: objetos e imágenes para el uso, luego para su desecho y posterior uso).

VIII

Lo pop o lo popular no puede ser nunca homogéneo, unitario, definible en términos taxonómicos. Dependiendo del contexto, existen imágenes masivas, limpias y sucias,  excesivas o contenidas, hedonistas o precarias. En el caso de Arias, Bernechea, Pardo y Suazo, se podría hablar de un cierto pop a la chilena: nunca un populismo de empanadas y vino tinto, sino de imágenes provenientes de la cultura global, la mayoría perfectamente nítidas, reconocibles (nada más reconocible e impersonal que el pop), pero bañadas por las escaras de un soporte territorial todavía en vías de desarrollo (no somos todavía ni Japón ni Finlandia). Esto es Chile a nivel masivo: un edificio inteligente lleno de imperfecciones constructivas, dignas de un polluelo sub dotado. Aquí cabe de todo: el máximo confort con edificios que parecen guetos inhumanos; estudiantes universitarios de apariencia desadaptada conviviendo con estudiantes universitarios que hacen a diario sus tareas obligatorias, artistas resentidos que usan el pop de manera culposa, conviviendo con artistas complacientes que usan el pop de manera lúdica.

IX

En las obras de Arias, Bernechea, Pardo y Suazo coexisten imágenes que van desde la política nacional a la internacional: cabezas esculpidas de neonatos babosos, putinas japonesas infantilmente pornos, frases de canciones chulas y cursis (Arjona, Montaner), mezcladas con personajes del imaginario Disney (¡Todo bien chulo!). También datos del mundo de la cultura de masas a nivel global: deportistas top (Vidal, el Chino Ríos, Alexis), ilustraciones chilenas de lo popular (el Condorito, el Club de los Tigritos), el manga japonés que, en sus versiones porno, seducen a los chilenos de manera genital; cantores de locomoción colectiva que venden calendarios pasajero a pasajero; muñecas barbies (ABC1), muchas veces usadas en videos de porno infantil, distribuidas a amigos o amigas de colegios del barrio alto. Los barrios populares y los barrios altos se unen en un comercio de lo sexualmente clandestino a nivel transversal.

X

En rigor, no habría un pop a nivel local (si se entiende por lo pop aquello propio de la cultura popular). Lo que habría, en rigor, es una cultura de lo popular que se distingue a nivel de clases. No hay nada popular; todo ahora es masivo. Triunfo definitivo del marxismo cínico. Está lo popular y la cultura del consumo, ambas revueltas. Hay abajistas y arribistas que se mezclan más allá de las clases sociales, aunque en apariencia la ciudad esté dividida de la cordillera al mar. Algunos artistas de clase alta –Dávila, por ejemplo- son abajistas que contaminan su obra con lo popular en sus versiones más ordinarias; otros, los arribistas, pretenden ascender desde lo popular hasta los ámbitos más altos de la clase consumista del país (los deportistas en general): buenos automóviles, minas ricas, casas en balnearios impagables, fiestas en discotecas aisladas en salones VIP.

XI

En Chile, de pop hay muy poco; si se entiende este término en su acepción original (lo popular).  Arias, Bernechea, Pardo y Suazo no son para nada artistas populares o poperos; son artistas visuales, así de simple. Una cosa es el arte entendido desde las academias y lugares donde se enseña a ser artista, y otra ciertos representantes de la farándula que se autodefinen como artistas: cantantes, humoristas, músicos populares (Zalo Reyes, Dino Gordillo o Palmenia Pizarro).            En la farándula hay artistas que resultan indigestos para las políticas progres de hoy. Un ejemplo podría ser la entrega de los premios Guachaca, donde los beatos chuchetas, como el Pancho Saavedra, Kike Morandé o el Cote Ossandón comparten su humor grueso con personajes como Dióscoro Rojas, Ernesto Belloni o Mauricio Flores (que han ido desapareciendo producto de la iracundia feminista respecto de los chistes misóginos y machistas).

XII

Arias, Bernechea, Pardo y Suazo no han pensado, de manera grupal, identificarse con el pop o cualquier otra tendencia de moda: neo pop, post pop, infra pop, K-pop o poperos en un futuro abierto por la industria cultural rusa o china. El pop, como moda cultural, da lo mismo. Lo medular, en este caso, reside en hablar los signos de la llamada cultura de masas globalizada. Se trata de una cultura expansiva que no sólo incluye el pop; también incluye el imaginario de la cultura pasada y presente. Incorpora viejos ritos de nuestros antepasados de la época prehistórica, desarrollos del arte occidental a nivel clásico, formas del arte regional (desde las expresiones pre hispánicas hasta hoy), imaginarios disponibles en las redes virtuales, experiencias citadinas de fiestas regadas de alcohol y otros masajes espirituales, sueños y pesadillas de sujetos que frisan los treinta años, estímulos visuales re apropiados de pantallas mediales de corto y largo alcance, clases de profesores octogenarios y recién salidos de la universidad. Así de simple: imágenes diversas y modos técnicos diversos, imágenes contrastantes y técnicas también contrastantes. Discursos culturales solventes y discursos culturales de gente que piensa que el mundo existe luego de su nacimiento. Una gran memoria mezclada con una gran amnesia.

Acerca de Guillermo Machuca (Chile, 1961)

Licenciado en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile (1984-1989), académico de distintas universidades y curador. Destaca en este ámbito su participación en la I Bienal de Arte Joven del Museo Nacional de Bellas Artes (1997) y en el envío chileno a la XXVI Bienal de São Paulo (2004), en Kent Explora Instalaciones (2002) y en la exposición Del otro lado, arte contemporáneo en Chile (2006, Centro Cultural Palacio La Moneda). Su obra ensayística ha sido publicada en importantes catálogos de exposiciones, compilaciones y en textos de investigación sobre arte contemporáneo, entre ellos Chile, cien años de artes visuales: entre modernidad y utopía; Cambio de aceite; Copiar el Edén, arte reciente en Chile; Remeciendo al Papa (textos de artes visuales), Juegos de guerra y Astrónomos sin Estrellas.

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